Un Día con La Vida Bohéme
En enero cumplo 8 años fuera de Venezuela, viviendo una especie de exilio autoimpuesto. Aunque no ha sido fácil, no me puedo quejar. México me ha dado familia, trabajo y oportunidades inesperadas (como de ver de cerca a ídolos personales como Café Tacvba).

También México me dió un pasaporte nuevo, una alternativa para nuestra incertidumbre “revolucionaria”. Cada vez paso menos tiempo en Venezuela y mástiempo pensando en ella. La distancia sabe a desarraigo. Me pesa porque me siento en deuda con todo lo que dejé y con todos quienes siguen ahí, en deuda con el futuro del país que me dió mi pasado, en deuda con la semilla. Aunque esté lejos sigo atado a la raíz demi identidad. Ahora, de repente, se me revela un ángulo diferentede la “foto” actual de Venezuela. La música de La Vida Bohéme y laforma como su público la escucha me empiezan a mostrar un caminopara regresar al país al que quiero algún día regresar. (Si no losconoces, descarga su disco ya, te lo regalo).
La Vida Bohéme son cuatro chamos con un grito de guerra claro y sincero que su público adopta como propio. Sus
letras le hacen guiños al punk, al rock nacional de los 80 y a la revolución bolivariana sin hablar directamente de ello. Han rodeado su música de una especie de mitología. Cuando te acercas a “La Vida” (un diminutivo enorme), te enfrentas a imágenes evocativas que te invitan a formar tus propias opiniones. Entre salpicones de pintura la banda y el público reclaman a coro lo que les corresponde:
esta es nuestra fiesta candado y cresta nuestra fiesta
este es nuestro vals radio capital este es nuestro vals
Todos entendemos no estamos hablando de una fiesta de punketos ni de una emisora de radio. Entendemos que aunque la pinten de rojo Venezuela es nuestra. Entendemos que podemos recuperar nuestro punto de vista y nuestra
voz. Estamos hartos del rojo y podemos y cubrirlo con otros colores, salpicarlo como queramos.
Gabba gabba hey…
¡Hey ho, let’s go!


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