¿Y cuando se fundó la luz, ésto sucedió en Venezuela?
Es difícil ser extranjero. El extranjero es un extraño en donde está y a la vez extraña el lugar en donde ya no está. Pero lo más extraño es que cuando regresas a casa ya hablas con otro acento y ves las cosas diferentes. Regresas y no sólo eres otra persona, regresas a otro lugar. Ser venezolano fuera de Venezuela no es fácil. Sobretodo ahora que las cosas tienden a cambiar vertiginosamente. Hasta pretenden que Venezuela ni siquiera se siga llamando Venezuela.
Venezuela es más que sus Miss Universo y “el lugar con las mujeres más bellas del mundo”. Es mucho más que el petróleo que tenemos. Es más que la cuna de la telenovela. Venezuela es más que la “pequeña Venecia” y más que una “Tierra de Gracia”. Venezuela es más que el lugar donde nació Simón Bolívar. Sobretodo, Venezuela es más que lo Bolivariano, más que el conflicto entre el “SI” o el “NO”, más que la oposición y mucho más que lo que Chávez quiere que sea.
Venezuela es el movimiento estudiantil que levanta la voz. Venezuela es Andrés Galarraga y Omar Vizquel. Venezuela es un penetrable de Soto y el color (real o inducido) de Cruz Diez. Venezuela es la arepera en la madrugada, donde desvelados y madrugadores cruzan “catiras” y “reinas pepiadas”. Venezuela es la polifonía perfecta de Serenata Guayanesa, la polirritmia poética de la “Tonada de Luna Llena”. Venezuela es el Puente Sobre el Lago y Metro de Caracas. Venezuela es el Cañon del Diablo y el Aula Magna de la UCV. Venezuela es Gustavo Dudamel, quien dos años antes de tomar las riendas de la Filarmónica de Los Ángeles recibe un particular homenaje. Venezuela podría ser, como sugiere Pablo Neruda en el “Libro de las Preguntas“, nada más y nada menos que el lugar donde se fundó la luz.
Esa Venezuela no me la quita nadie.
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